Un juego de movimiento colaborativo, nueve meses de observación, un aula real. Un estudio del grupo de investigación del que nace SENSEi, con docentes y estudiantes con autismo, indica que las actividades basadas en el movimiento pueden favorecer la implicación y las interacciones sociales entre compañeros.
Y hay más: el efecto no se queda encerrado en el juego, sino que alcanza también a quien mira y al tiempo en el aula después de la actividad.
¿Cuál es la pregunta de investigación?
Algunas investigaciones anteriores sobre juegos de movimiento para niños autistas se desarrollan en un centro terapéutico. Un ejemplo es el estudio sobre los juegos por gestos que contamos en el caso de estudio Jugar sin tocar.
El aula, sin embargo, es un entorno distinto. Hay compañeros, rutinas, docentes y tiempos escolares. La pregunta es, por tanto: ¿qué impacto tienen las actividades de movimiento en la conducta de los estudiantes precisamente allí?
El estudio en breve
Es un estudio observacional de nueve meses, presentado en la conferencia ACM IDC. El grupo observa a docentes y estudiantes con autismo durante una actividad de juego basada en el movimiento, atendiendo a tres aspectos:
- la implicación de los estudiantes;
- las conductas sociales dirigidas a los compañeros;
- las habilidades motoras.
¿Qué surge?
El primer resultado: un juego colaborativo favorece el inicio de actividades sociales entre iguales. Suscita también movimientos corporales nuevos, que los estudiantes no muestran fuera del juego.
El grupo describe además un impacto positivo en la implicación de toda la clase, de dos formas:
- efecto público (audience effect): los compañeros que no juegan se dirigen a quien juega, y viceversa;
- efecto de transferencia (spillover): la actividad tiene un efecto positivo en la conducta social también fuera del juego.
Por último, el estudio identifica algunas consideraciones clave para diseñar e introducir actividades de movimiento para niños autistas en el aula.
¿Qué puede llevarse un docente a su clase?
El estudio no ofrece una receta, pero sugiere algunas precauciones prácticas:
- Preferir juegos colaborativos: son los que, en el estudio, favorecen el inicio de interacciones entre compañeros.
- Implicar también a quien mira: quien no juega participa igualmente, porque el efecto público crea ocasiones de intercambio.
- Observar el después: merece la pena anotar qué ocurre en el aula después de la actividad, no solo durante.
- Dar tiempo: el estudio dura nueve meses. Las rutinas se construyen con continuidad.
¿Por qué importa hoy?
Este estudio desplaza la mirada del alumno individual al grupo. Una actividad bien diseñada no «ayuda» solo al estudiante con autismo: crea ocasiones de relación para toda la clase.
SENSEi lo llama inclusión a la inversa: si un juego nace para el estudiante al que más le cuesta relacionarse, se convierte en una ocasión de intercambio para toda la clase. En la sala mágica, paredes y suelo reaccionan a los desplazamientos y a los gestos de los compañeros que juegan juntos, mientras quien mira sigue formando parte de la escena. Las actividades pueden pensarse para la colaboración, con roles distintos para quien actúa y quien observa, y el docente las guía desde la tableta.
Para el grupo de investigación SENSEi, este trabajo marca un paso: del centro terapéutico al aula, con sus compañeros y sus rutinas. Es el mismo paso que da hoy SENSEi en la escuela. Encontrará ideas prácticas en la guía Sala sensorial y autismo en la escuela y en la página SENSEi para la educación primaria.
El artículo completo está en la sección Investigación: Designing motion-based activities to engage students with autism in classroom settings. Para el estudio anterior en los centros terapéuticos: la ficha sobre los juegos por gestos evaluados con niños autistas.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el estudio?
Nueve meses. Es un estudio observacional realizado en el aula con docentes y estudiantes con autismo.
¿Qué son el efecto público y el efecto de transferencia?
El primero es el fenómeno por el que quien mira y quien juega se dirigen unos a otros. El segundo es el efecto positivo de la actividad en la conducta social también fuera del juego, según lo observado en el estudio.
¿Las actividades de movimiento son una terapia para el autismo?
No. El estudio indica que pueden favorecer la implicación y las interacciones sociales en el aula. No sustituyen a las intervenciones de los profesionales.
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Fuentes
- Bhattacharya A., Gelsomini M., Pérez-Fuster P., Abowd G. D., Rozga A. (2015). Designing motion-based activities to engage students with autism in classroom settings. IDC 2015, ACM
- Bartoli L., Garzotto F., Gelsomini M., Oliveto L., Valoriani M. (2014). Designing and evaluating touchless playful interaction for ASD children. IDC 2014, ACM