2026

Sala interactiva o pasiva: por qué importa el control del niño

Stanza interattiva o passiva: perché il controllo del bambino conta

Una sala sensorial interactiva es un entorno en el que luces, sonidos e imágenes cambian en respuesta a lo que hace el niño; en una sala pasiva los estímulos se suceden solos y el niño los observa. La diferencia no es solo técnica: un estudio publicado en la revista Autism indica que, cuando son los niños autistas quienes controlan los cambios sensoriales, disminuyen las conductas repetitivas y de búsqueda sensorial y aumenta la atención.

En este artículo explicamos el estudio, sus límites, lo que dice la investigación de la que nace SENSEi y lo que significa para quien diseña y usa una sala multisensorial cada día.

Sala pasiva y sala interactiva: ¿cuál es la diferencia?

La sala multisensorial clásica, en la tradición Snoezelen®, está pensada sobre todo para la relajación y la exploración libre: el tubo de burbujas cambia de color, la bola de espejos gira, la música suena. El niño recibe los estímulos. Es un enfoque valioso, que ha llevado la atención a los sentidos a escuelas y centros de atención de todo el mundo.

Una sala interactiva añade un paso: causa y efecto. Si el niño toca, levanta un brazo o da un paso, algo cambia. Esto transforma al espectador en protagonista.

AspectoSala pasivaSala interactiva
Quién decide el cambioEl equipo (ciclos automáticos) o el adultoEl niño, con la dirección del adulto
Previsibilidad para el niñoBaja: los estímulos cambian cuando quierenAlta: el estímulo cambia cuando el niño actúa
Uso habitualRelajación, exploración libreJuego, aprendizaje, autorregulación, trabajo en grupo
Papel del adultoAcompañarAcompañar, dosificar, proponer objetivos
Qué se puede observarReacciones a los estímulosReacciones, elecciones, tiempos de respuesta, avances

¿Qué dice el estudio sobre el control de los cambios sensoriales?

El estudio de Katy Unwin, Georgina Powell y Catherine Jones, publicado en Autism, incluye a 41 niños autistas de entre 4 y 12 años, reclutados a través del Wales Autism Research Centre. Los autores lo describen como el estudio más amplio realizado hasta entonces sobre el uso de los entornos multisensoriales con niños autistas (Unwin, Powell y Jones, Autism).

Cómo se hizo

Cada niño vivió dos condiciones, en orden contrabalanceado, en la misma sala multisensorial y con un adulto siempre presente:

  • Cambio activo: el niño controlaba los equipos, con una tableta o pulsando botones.
  • Cambio pasivo: los equipos cambiaban automáticamente cada 3 segundos.

En cada condición, el niño pasaba 3 minutos con cada uno de cinco equipos, 15 minutos en total. Las sesiones se grabaron en vídeo y se codificaron; los investigadores midieron también la activación fisiológica y el nivel de actividad.

Qué resultó

En la condición activa, respecto a la pasiva:

  • las conductas motoras repetitivas eran menos frecuentes y más breves;
  • las conductas sensoriales, sobre todo de búsqueda, eran menos numerosas y su duración total era aproximadamente la mitad;
  • las vocalizaciones y el lenguaje estereotipado se reducían;
  • el nivel de actividad física era más bajo;
  • la atención a la tarea era mayor.

No surgieron diferencias entre las dos condiciones en conductas sociales, gestos, imitación, ansiedad, afecto positivo y frecuencia cardiaca. Un dato interesante: en ambas condiciones multisensoriales la activación fisiológica era más baja que durante el juego inicial con juguetes no sensoriales.

Los autores concluyen que dar el control a los niños puede crear mejores condiciones para el aprendizaje. Entre las posibles explicaciones señalan la respuesta a las necesidades sensoriales, la mayor previsibilidad y un sentido más fuerte de elección y autonomía.

Los límites declarados por los autores

El estudio es sólido pero no definitivo, y los autores lo dicen con claridad:

  • el número de cambios sensoriales no era igual en las dos condiciones;
  • la tableta solo estaba presente en la condición activa y podría haber influido;
  • quienes codificaban los vídeos conocían la condición;
  • los niños trabajaban uno a uno con un adulto, por lo que los resultados podrían no ser válidos para sesiones en grupo;
  • el estudio no dice si un entorno multisensorial es mejor que un entorno no sensorial;
  • la comunidad autista no participó en el diseño del estudio.

¿Por qué el control puede marcar la diferencia?

Intentemos traducir los resultados a términos prácticos. Para un niño autista, un entorno que cambia cada 3 segundos sin previo aviso puede resultar imprevisible. Si, en cambio, es él quien pone en marcha el cambio, sabe qué va a ocurrir y cuándo. Puede repetir lo que le gusta, pararse cuando es demasiado, elegir.

Un principio similar aparece también en contextos distintos. En el hospital, un metaanálisis de 13 estudios observó que la distracción activa, en la que el niño interactúa, tiende a reducir la ansiedad y el dolor valorados por padres y personal más que la distracción pasiva (Shen y colaboradores, Italian Journal of Pediatrics). Hablamos de ello en el artículo sobre la sala multisensorial en el hospital.

¿Qué dicen las investigaciones de las que nace SENSEi?

El control de los estímulos está en el centro de los proyectos del Politecnico di Milano de los que deriva SENSEi, y de una trayectoria que hoy cuenta con más de 40 publicaciones científicas.

  • La Magic Room se diseñó con especialistas en trastornos del neurodesarrollo para ofrecer estímulos controlables al movimiento, al equilibrio y al tacto, mediante imágenes, sonidos, aromas, luces y objetos (IEEE Pervasive Computing).
  • Magika, diseñado con más de 30 especialistas, da a los educadores el control del nivel de los estímulos y de su progresión, y permite personalizar las actividades según las necesidades de cada niño (CHI).
  • La Magic K-Room exploró la adaptación automática: el espacio leía las señales cerebrales vinculadas a la relajación y la atención y adaptaba los estímulos al niño (CHI).
  • Un estudio con 175 niños de entre 6 y 10 años comparó cinco formas de interactuar (pies, manos, tarjetas, varita, voz) y mostró que cada una tiene ventajas y compromisos distintos (IDC).

¿Cómo se traduce en la sala SENSEi?

En la sala mágica SENSEi el control se comparte entre el niño y el adulto:

  • El niño hace cambiar imágenes, luces y sonidos con el cuerpo (gestos, pasos, posición), sin nada que llevar puesto, o bien con objetos y con la voz.
  • El educador o el terapeuta regula desde la tableta la intensidad, la velocidad y el número de estímulos, y puede pararlo todo en cualquier momento.
  • El sistema registra las interacciones y genera informes interpretables, útiles para observar los avances.

Interactivo no quiere decir más estímulos. A menudo significa lo contrario: un entorno casi apagado en el que un solo gesto del niño enciende una luz. Es él quien decide cuándo quiere más.

¿Qué cambia para niños y terapeutas?

Cuando el niño tiene el control, la sesión cambia de ritmo. El terapeuta ya no tiene que «entretener»: observa, propone, espera la elección. El gesto de señalar, un paso, una mirada se convierten en formas de hacerse entender. Y cada pequeño logro queda documentado.

En la Fondazione Angelo Custode de Bérgamo, cuatro entornos SENSEi forman parte del trabajo diario de terapeutas y educadores, con actividades de causa y efecto en las que señalar se convierte en una forma de comunicar; los niños que trabajan en la sala expresan una valoración de las sesiones claramente más alta que con el itinerario habitual. En Gigli del Campo, la sala es un lugar seguro en el que jóvenes con autismo de entre 13 y 25 años entrenan la autonomía.

¿Cuándo elegir una sala pasiva?

La modalidad pasiva sigue siendo útil en muchas situaciones:

  • relajación al final del día o después de una crisis;
  • personas con discapacidades motoras graves que todavía no pueden actuar sobre el entorno, hasta que se encuentra una forma de interacción adecuada;
  • personas mayores con demencia avanzada, para las que la prioridad es el bienestar (véase estimulación multisensorial en la demencia);
  • momentos de exploración libre, sin objetivos.

La mejor elección suele ser un entorno que sepa hacer ambas cosas. Para una comparación más amplia, lea las diferencias entre aula inmersiva, sala Snoezelen y suelo interactivo.

Preguntas frecuentes

¿Es adecuada una sala interactiva para todos los niños autistas?

Cada niño es distinto. El estudio indica efectos medios positivos, pero la observación individual sigue siendo imprescindible. Lo importante es poder regular los estímulos y dejar al niño la posibilidad de parar.

¿Demuestra el estudio que la sala interactiva es una terapia?

No. El estudio compara dos formas de usar la misma sala y mide conductas durante sesiones breves. Indica que el control puede crear mejores condiciones para el aprendizaje, no que cure algo.

¿Tiene que saber usar una tableta el niño?

No. En el estudio también se usaban botones. En una sala SENSEi la interacción se produce sobre todo con el cuerpo, por ejemplo levantando un brazo o dando un paso.

¿Se puede hacer interactiva una sala pasiva existente?

A menudo sí. SENSEi se integra en el espacio existente sin obras, y los equipos que ya hay, como un tubo de burbujas o un rincón blando, pueden quedarse.

¿Qué medir para saber si funciona?

Atención, tiempo de participación, conductas de búsqueda sensorial, elecciones del niño. Anotarlos antes y después de un periodo de uso ayuda a ver el cambio.

¿Quiere ver cómo funciona el control compartido entre el niño y el educador? Reserve una demo.

Fuentes

Snoezelen® es una marca registrada de sus respectivos titulares.

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